Los ronquidos y apneas de sueño en la infancia dificultan el desarrollo de los más pequeños

En España, alrededor de un tercio de la población pediátrica tiene algún trastorno del sueño.
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10 octubre 2011

“Ante la existencia de ciertos síntomas en niños, como ronquidos y apneas (pausas respiratorias) durante el sueño debe iniciarse un tratamiento precoz, ya que sus consecuencias afectan tanto al sistema cardiovascular como al metabólico, además de influir sobre el comportamiento y el rendimiento cognitivo de los más pequeños”, comenta la doctora Milagros Merino, neurofisióloga y miembro de la Sociedad Española del Sueño. Una recomendación especialmente importante si se tiene en cuenta que, en España, aproximadamente un tercio de la población pediátrica, que incluye niños y adolescentes, tiene algún trastorno del sueño.

En concreto, los somnólogos advierten de que si no se trata de forma eficaz a los niños o adolescentes que duermen mal por presentar ronquidos o apneas de sueño existe un aumento del riesgo cardiovascular, ya que cada apnea finaliza con un ronquido, una reducción de la saturación del oxígeno en la sangre y taquicardia; por la aparición de consecuencias metabólicas, puesto que la falta de sueño favorece la aparición de obesidad, diabetes mellitus y un crecimiento más lento de lo normal; y alteraciones en el comportamiento y rendimiento cognitivo de los pequeños: habitualmente los niños que duermen mal se vuelven muy inquietos, irritables y no prestan atención.

A la hora de evaluar la relación entre el déficit de atención e hiperactividad (TDAH), una enfermedad que afecta al 10 por ciento de la población infantil, y los trastornos del sueño, la Dra. Merino reconoce que se trata de una relación bidireccional. “Cuando un niño duerme mal, durante el día suele estar irritable, hiperactivo y no atiende en clase. Por otra parte, los niños diagnosticados de TDAH duermen peor que los demás, presentan mayor frecuencia de apneas durante el sueño, movimientos periódicos en las piernas, síndrome de piernas inquietas, trastornos circadianos de la fase del sueño y, en algunos casos, parasomnias como sonambulismo, pesadillas o terrores nocturnos”, explica.

Los especialistas también han abordado los trastornos de movimiento durante el sueño como uno de los problemas que más pueden condicionar la calidad de vida de niños y adolescentes. “Estos trastornos afectan en la medida en que provoquen interrupciones frecuentes del sueño y acaban desencadenando una excesiva somnolencia diurna, fatiga y déficit de atención provocados por la excesiva fragmentación del sueño y, consecuentemente, por la privación crónica del sueño”, concreta la doctora Merino.

Algunas recomendaciones

Hasta el momento, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha logrado identificar más de 80 trastornos del sueño. “Aunque cada uno debe ser abordado según las diferentes causas que lo provocan, en principio siempre se deben seguir desde el nacimiento unas correctas medidas de higiene de sueño que pueden ayudar a minimizar los síntomas”, explica esta especialista. Es el caso del insomnio comportamental, el trastorno más frecuente en la infancia, que presenta problemas en la conciliación del sueño y despertares habituales que dificultan el descanso nocturno de los pequeños. “En líneas generales, este trastorno se puede prevenir con unas adecuadas medidas de higiene del sueño, que deben seguir tanto padres como niños, como establecer rutinas fijas a la hora de acostarse (baño y pijama), cenas ligeras, mantener unos horarios habituales, reducir al mínimo el consumo de televisión o ignorar las peticiones de atención que ‘por norma’ realizan los pequeños cuando no logran dormirse”, detalla Merino.

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