Concebir un bebé no siempre es fácil

Concebir un bebé no siempre es fácil
Cuando la edad de la mujer supera los 35 años la posibilidad de concebir desciende a un 15 por ciento cada mes.
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08 septiembre 2011

El 60 por ciento de las parejas en edad fértil consiguen el embarazo en unos seis meses y el 80 por ciento en un año

El ‘ABC’ de la fecundación

Durante la eyaculación el hombre expulsa entre 20 y 250 millones de espermatozoides por milímetro de semen. Entran por la vagina y penetran en el útero a través del cuello uterino hasta llegar ‘nadando’ a encontrarse con el óvulo en una de las trompas de Falopio. Sólo unos cientos alcanzarán el óvulo y llegarán a rodearlo y sólo uno será capaz de atravesar la zona que lo envuelve y conseguir la ansiada fecundación; la cual, en sentido estricto, es la fusión de la carga genética del óvulo con la del espermatozoide que lo ha penetrado. El resultado es la primera célula embrionaria humana, conocida como cigoto o huevo, que comienza un viaje de unos tres o cuatro días hacia al útero de la mujer. Una vez allí, a los tres días, siete días después de la fecundación, se fija en la pared del útero y comienza su desarrollo.

Los espermatozoides son capaces de vivir en las trompas de 48 a 72 horas y pueden fertilizar un óvulo en cualquier momento. La vida media del óvulo es de 48 horas aproximadamente, por lo que si se mantienen relaciones sexuales sin protección y con frecuencia cerca del momento de la ovulación las probabilidades de concebir un bebé serán mayores.

En definitiva, para que la fecundación sea una realidad ha de haber un óvulo maduro y sano, espermatozoides móviles normales y un tracto reproductor femenino (útero y trompas de Falopio) que permita que se encuentren. Además se han de dar las condiciones hormonales apropiadas para que óvulos y espermatozoides nazcan y se desarrollen. No en vano, las hormonas llamadas ‘gonadotropinas’ tienen mucho que decir en cuestiones de fertilidad y en concreto tres son esenciales para la reproducción. Se trata de la FSH, la LH y la hCG. La primera estimula en el varón la producción de espermatozoides y en la mujer la de óvulos y la de una horma llamada estradiol durante la primera mitad del ciclo menstrual, la segunda provoca la ovulación y estimula la producción de testosterona y la tercera juega un papel clave en el mantenimiento del embarazo.

Buscar un bebé es una de las aventuras más fantásticas y maravillosas que se pueden vivir. Es una decisión transcendental que cambia todo para siempre. Cuando el deseo de ser padres llega, una inmensa ilusión y un cierto temor lo envuelve todo, la vida comienza a dar un giro radical y los lazos de pareja se estrechan más que nunca.

Al principio todo es perfecto pero cuando los meses pasan y no hay resultado son muchas las parejas que caen en el pozo de los nervios, el estrés y la ansiedad, enemigos de la concepción. El sexo deja de ser divertido y se convierte en una obligación más en la que el deseo es destronado por la tiranía de los días fértiles.

De repente, la ilusión se esconde tras un halo de miedo, de impaciencia y, por qué no decirlo, de cierta envidia a otras parejas que consiguen sin apenas esfuerzo lo que ellos tanto desean. Las hojas del calendario vuelan más rápido que nunca, la preocupación por el embarazo que no llega lo envuelve todo y cada día que la menstruación hace acto de presencia es un pequeño duelo, una decepción más.

Si están en esta situación, lean atentamente este texto, en el que encontrarán algunos consejos que les ayudarán a afrontarlo de otra manera y a borrar de su mente preocupaciones innecesarias.

Probabilidades mensuales

Aunque parezca mentira, quedarse embarazada no es tan fácil. Los datos hablan por sí solos: el 60 por ciento de las parejas en edad fértil consiguen el embarazo en unos seis meses, el 80 por ciento en un año y el 85 por ciento en dieciocho meses, siempre y cuando la mujer no haya pasado la barrera de los 35 años y, como es lógico, mantengan relaciones sexuales con cierta regularidad.

Por mucho que se esfuercen, las posibilidades mensuales de concebir un bebé no son demasiado elevadas: parejas saludables y jóvenes, ambos menores de 30 años, y que practican sexo con regularidad tienen entre un 25 y un 30 ciento de probabilidades. La fertilidad disminuye con la edad, por lo que cuando la edad de la mujer supera los 35 años la posibilidad de concebir desciende a un 15 por ciento cada mes, un porcentaje que es aún más bajo después de los 40.

El mejor momento

A continuación se exponen algunas técnicas para saber cuáles son los días más fértiles de la mujer y por tanto más propicios para que el embarazo se convierta en una realidad. Tengan en cuenta que abarcan unos días antes y después de la ovulación, por lo que si saben cuándo ésta tiene lugar, las posibilidades de concebir serán mayores. En un ciclo menstrual normal de 28 días la ovulación se produce, por regla general, el día 14 del ciclo. Pero ni todas las mujeres tienen ciclos regulares ni todas tienen ciclos de 28 días; la duración oscila entre los 23 y 45 días.

Uno de los métodos que se pueden usar es el de la ‘temperatura basal’. Cada mañana, nada más despertarse y con un ‘termómetro basal’, mídase la temperatura que tiene su cuerpo en reposo y en ayunas, es decir, antes de realizar cualquier actividad, incluido levantarse de la cama, fumar un cigarrillo, caminar, hablar, comer o beber.

Tome la temperatura siempre de la misma forma (oral, vaginal o rectal), con el mismo termómetro y a ser posible a la misma hora. Apunte en una gráfica los resultados de cada día. Pronto se dará cuenta, al registrar un ciclo completo, que llega un punto en el que la temperatura aumenta entre 0,2 y 0,5 grados respecto a la primera parte del ciclo, una elevación que indica, precisamente, que la ovulación está cerca. Dos o tres días después de la ovulación, la temperatura se eleva de nuevo, puede hacerlo entre 1 y 1,5 grados centígrados, y se mantendrá así hasta la llegada del próximo periodo menstrual. Tras observar varios ciclos, usted puede establecer un patrón predecible e identificar los días más fértiles. Pero, aunque este método es sencillo y efectivo, hay factores que pueden trastocarlo. De hecho, a veces las curvas de temperatura basal son difíciles de interpretar en algunas mujeres, sobre todo en tiempos de estrés o enfermedad. No en vano, su poder de predicción se basa, en gran parte, en que los ciclos sean regulares.

Otro método natural para revelar cuáles son los días fértiles de la mujer es la determinación del moco cervical. Esta sustancia, que protege al semen y le ayuda a llegar al útero y a las trompas de Falopio, cambia de consistencia a lo largo del ciclo. Acuoso, elástico y parecido a la clara del huevo crudo, así es, a grandes rasgos, el moco cervical característico del periodo fértil. Tóquelo con los dedos pulgar e índice y si, cuando los dedos se separan, el moco se estira hasta formar un hilo delgado antes de romperse es posible que la ovulación esté cerca. Tras ella, el moco vuelve a ser adherente y seco es decir, infértil.

Otro pequeño truco es que en algunas mujeres la ovulación se acompaña de un ligero dolor a la altura de uno de los ovarios. Además, en las farmacias tiene a su disposición pruebas de ovulación que a partir de muestras de orina le desvelarán cuál es su periodo de fertilidad. Su resultado es bastante fiable.

Y aunque con estos métodos es posible que usted y su pareja aprendan a reconocer los días más fértiles, lo mejor es que consulten con su médico. Él solventará sus dudas y les dará la orientación y la ayuda que necesiten.

La hora de consultar

La definición clásica de infertilidad no deja lugar a dudas: es la ausencia de gestación tras un año de relaciones sin protección, por lo que unos meses de intentos fallidos no tienen por qué ser motivo de preocupación.

Sólo han de consultar al médico si la mujer tiene menos de 35 años y tras un año de relaciones sin protección no se ha conseguido el ansiado embarazo. Cuando la mujer es mayor de esta edad, la consulta ha de hacerse antes, a los seis meses, pues el tiempo juega claramente en su contra. Y, lógicamente, tenga la edad que tenga si usted o su pareja han padecido algún problema que pudiera comprometer la fertilidad, como una infección pélvica en la mujer o una enfermedad u operación de testículo en el hombre, póngase en contacto con su médico en cuanto quiera tener descendencia.

A partir de los 35 años, la calidad de los óvulos empeora y la reserva de óvulos es mucho menor.
A partir de los 35 años, la calidad de los óvulos empeora y la reserva de óvulos es mucho menor.

La importancia de la edad

La edad sí importa. La sociedad del siglo XXI nada tiene que ver con la de nuestros antepasados. Antes las mujeres se quedaban embarazadas con apenas 20 años y ahora, inmersas en la vida universitaria, en la vorágine laboral y en una sociedad que ha dado un giro completo, lo habitual es que el primer hijo se tenga en torno a los 30 años. No es raro que el segundo o el tercer embarazo se viva cerca o cumplidos los cuarenta y hay muchas mujeres que esperan al final de la treintena para ser mamás por primera vez. La modernidad parece estar reñida con la fertilidad y mientras el reloj reproductivo marca los veinte años de antaño como el punto de máxima fertilidad, el reloj social está muy retrasado y, como hemos visto, con los años cada vez es más difícil, pero no imposible, que el sueño de tener un bebé se haga realidad. Y todo porque con la edad, en concreto a partir de los 35 años, la calidad de los óvulos empeora y la reserva de óvulos es mucho menor. El paso del tiempo no sólo juega en contra de la fertilidad de la mujer. La edad también influye en la concentración y en la movilidad de los espermatozoides, un valor que disminuye un 0,7 por ciento con cada año que cumple el hombre.

Pero si usted es una de las tantas mujeres que ha apostado por una maternidad tardía, ante todo no se agobie. Si su estado de salud es bueno y recibe una atención adecuada las probabilidades de que el embarazo se desarrolle con normalidad y de que el niño nazca sano aumentan considerablemente. Siga los consejos de su médico y sométase a las pruebas que éste considere oportuno para detectar y tratar los posibles problemas que la edad pueda traer consigo.

Aún así, no cierre los ojos a los posibles riesgos y conozca muy bien lo que puede suponer convertirse en madre cuando se superan los 35 años, riesgos que se traducen en mayor probabilidades de tener un aborto en el primer trimestre, diabetes gestacional, problemas cromosómicos en la descendencia, preeclampsia, retraso del crecimiento fetal y parto por cesárea. Complicaciones todas ellas que aumentan sobre todo a partir de los 40 años.

Problemas de fertilidad

Al margen de la edad hay otros problemas que juegan en contra de la fertilidad. Trastornos en la ovulación, por los que ovular se torna imposible o al menos hacerlo regularmente, entre los que el síndrome de ovario poliquístico es el más común, un bloqueo de las trompas de Falopio que no permite que el esperma llegue al óvulo y que éste, una vez fecundado, se desplace hasta el útero, y la endometriosis, en la que el tejido que recubre el útero crece fuera de éste, son las dificultades habituales de fertilidad en el sexo femenino. Pero aunque los tratamientos contra la esterilidad femenina tienen con frecuencia resultados positivos, el éxito no está garantizado. Consulte con su médico, el sabrá decirle que es lo más conveniente en su caso.

En los varones, la causa de los problemas de fertilidad hay que buscarla, normalmente, en la mala calidad o cantidad del esperma. En estos casos hay pocos tratamientos realmente eficaces y muchas veces la única solución pasa por las técnicas de reproducción asistida. Sea cual sea su situación, confié en su médico.

Por muy complicados que parezcan estos problemas, la verdadera infertilidad sólo ocurre en contadas ocasiones: mujeres con las trompas obstruidas, mujeres que no tienen útero u ovarios y hombres que no tienen espermatozoides en su eyaculado. Por suerte, la tecnología médica ha logrado verdaderas proezas y en muy pocos casos la concepción se torna imposible.

Diagnóstico

Muchas de las causas comunes de infertilidad se pueden identificar a través de diferentes exámenes o pruebas diagnósticas. Su médico valorará cuál es la más conveniente en su caso. Pero sea cuáles sean, el diagnóstico se basa en el estudio de cuatro puntos fundamentales: la producción de espermatozoides, la producción de ovocitos, la posibilidad de unión de los espermatozoides con los ovocitos y las posibilidades de implantación. Con los resultados, se conocerán las posibles causas de esterilidad. Pero también puede ocurrir que con dos años de intentos fallidos a sus espaldas y con unas pruebas normales, el embarazo no llegue, es lo que se llama infertilidad de causa desconocida. Al parecer todo funciona correctamente, no hay nada que rectificar o tratar pero el resultado del test de embarazo es siempre negativo.

La incidencia de la infertilidad es casi idéntica en ambos sexos: en el 30-40 por ciento de los casos es exclusivamente femenino y en el 20-30 por ciento, masculino. Puede incluso que sean los dos miembros de la pareja los que tengan problemas, una situación que de hecho se da en el 15-30 por ciento de los casos.

FUENTES: Concibe.es. Ilusión por ser mamá, campaña educacional desarrollada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia y Clearblue.

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