Uno de cada tres cánceres de endometrio y de esófago y uno de cada cuatro de riñón están asociados con la obesidad
1. Dieta variada y equilibrada, ajustada a los requirimientos enérgico-protéicos en cada caso.
2. Mantener un peso correcto, evitar el sobrepeso y la obesidad.
3. Incluir alimentos del reino vegetal de modo habitual: las 5 raciones de fruta y verduras al día, que aportan sustancias antioxidantes, legumbres y cereales, que aportan fibra dietética.
4. Incluir pescado en la dieta habitual.
5. Evitar el consumo habitual de carnes rojas y derivados cárnicos procesados (salchichas y embutidos).
6. Utilizar aceite de oliva.
7. Controlar el consumo de sal.
8. Limitar el consumo de bebidas alcohólicas.
9. No fumar.
10. Evitar el sedentarismo, ajustando la actividad física a las circunstancias personales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en apreciaciones del año 2008, indicó que entre el 30% y el 40% de los cánceres podrían prevenirse con medidas relacionadas con la dieta, el control del peso y la actividad física. El Estudio EPIC (European Prospective Investigation into Cancer), puesto en marcha a principios de los años 90 en Europa, trata de poner de manifiesto la relación existente entre dieta, estado nutricional, estilos de vida, factores ambientales y la incidencia de diferentes tipos de cáncer. "De este modo, se pretende mejorar el conocimiento científico sobre los factores nutricionales implicados en el cáncer y aportar las bases científicas para intervenciones de Salud Pública, dirigidas a promover una dieta y estilos de vida saludables", explica la doctora Pilar Gómez Enterría, coordinadora del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición.
El Estudio EPIC se está llevando a cabo con 520.000 sujetos sanos, entre 35 y 65 años, de los cuales el 70 por ciento son mujeres, con hábitos alimenticios heterogéneos. Veintitres centros de 10 países europeos (Alemania, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Holanda, Italia, Noruega, Reino Unido y Suecia) participan en este estudio coordinado por la Agencia Internacional de Investigación sobre Cáncer (IARC) y el Imperial College de Londres. Asturias, Granada, Guipuzcoa, Murcia y Navarra son las cinco provincias españolas participantes, que coordinadas por el Instituto Catalán de Oncología de Barcelona, aportan un total de 40.000 participantes.
En opinión de la doctora Gómez Enterría, "el seguimiento a lo largo de estos años de la cohorte del Estudio EPIC está permitiendo establecer relaciones causales ente dieta/estilo de vida y la incidencia del cáncer, determinando qué factores dietéticos pueden favorecer el riesgo de padecer ciertos tipos de cánceres y cuáles en cambio pueden tener un efecto protector". Según está experta, por el momento podemos destacar las siguientes conclusiones:
- La fibra, sea cual sea el alimento de la que proceda (cereales, verduras, frutas), tiene un efecto protector sobre el cáncer de colon y recto. Una ingesta abundante de este nutriente parece que también protege del cáncer de estómago.

- Una ingesta abundante de fruta y verdura se asocia, en fumadores, a una menor incidencia de cáncer de pulmón. Estos mismos alimentos tienen un efecto protector sobre los cánceres del tracto digestivo superior.
- Un elevado consumo de verduras de hoja se asocia a menor incidencia de cáncer de mama.
- Existe una relación inversa entre el consumo de pescado y el cáncer colorrectal: a mayor consumo, menor incidencia.
- Un consumo de alcohol por encima del máximo recomendado, se asocia a una mayor incidencia de cáncer en el tracto digestivo, especialmente en varones.
- Un alto consumo habitual de carne roja y productos cárnicos procesados (salchichas, embutidos) se asocia a una mayor incidencia de cáncer colorrectal y, en general, de cánceres del tracto digestivo. En cambio no se ha demostrado su asociación con mayor incidencia de cáncer de pulmón.
- Consumir una media de 30 g al día de grasa saturada incrementa el riesgo de presentar cáncer de mama.
- Un consumo excesivo de productos lácteos aumenta el riesgo de cáncer de próstata.
"Se ha confirmado- apunta la doctora- que aquellas poblaciones que tienen una alta adherencia a la dieta mediterránea presentan menos casos de cáncer en general y, sobre todo, de los cánceres relacionados con el tabaco, que aquellas que tienen una adherencia escasa a dicha dieta".
Desnutrición en los pacientes con cáncer
En los pacientes con cáncer es frecuente la afectación, en mayor o menor medida, del estado de nutrición. Depende del tipo de tumor, su localización o el estadio evolutivo en que se encuentre la enfermedad. Entre otras, las causas de esta desnutrición se asocian, por un lado, con el propio tumor, y, por otro, con el tratamiento que se aplica: cirugía, quimioterapia, radioterapia, etc. "La alimentación en el enfermo con cáncer tiene como fin intentar conservar el mejor estado de nutrición posible, ya que éste va asociado a una mejor tolerancia al tratamiento oncológico y una mejor calidad de vida", explica la doctora Gómez Enterría.
Las necesidades nutricionales de estos pacientes son, en general, superiores a las de una persona sana, debido en parte a los trastornos metabólicos que produce el propio cáncer y al tratamiento que se aplica. "No hay ningún alimento ni ningún tipo de dieta milagrosa que curen el cáncer", asegura la doctora. "Como en cualquier situación, fisiológica o patológica, lo adecuado es realizar una dieta equilibrada, variada y ajustada a las necesidades nutricionales de cada enfermo, procurando incluir todos los grupos de alimentos y rotando la elección de los alimentos incluidos en cada grupo".
Es fundamental que un paciente oncológico esté bien nutrido. "La desnutrición afecta negativamente la tolerancia a los tratamientos oncológicos. Un enfermo desnutrido tolera peor la quimioterapia, lo que en muchas ocasiones obliga a disminuir la dosis o a espaciar los ciclos de tratamiento. Otro tanto ocurre con la radioterapia", puntualiza la experta.

Según la doctora Gómez Enterria, que es necesario adaptar e individualizar la dieta en cada persona, de manera que sea suficiente en macro y micronutrientes y sus características deben ajustarse en función de los síntomas que presentan. En este punto es clave la labor de un especialista, y en este sentido, el endocrinólogo es uno de los facultativos que mejor pueden ayudar al paciente a diseñar la dieta, los hábitos de vida y la pauta de ejercicios más óptima para luchar contra la enfermedad valorando según los casos, la necesidad de asociar suplementos nutricionales orales o, incluso, nutrición artificial para conseguir el aporte de los requerimientos nutricionales.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer y el Instituto Nacional del Cáncer informan de la asociación existente entre la obesidad y el cáncer con un aumento del riesgo de contraer cáncer de mama tras la menopausia, de endometrio, colorrectal, de vesícula biliar o de riñón. "Uno de cada tres cánceres de endometrio y de esófago, y uno de cada cuatro de riñón están asociados con la obesidad", asegura la doctora. Respecto a la actividad física, asegura la experta, la realización de ejercicio habitual disminuye el riesgo de padecer cáncer de colon, mama, próstata y pulmón. Finalmente, cabe destacar que la ingesta excesiva de alcohol se asocia a mayor incidencia de cáncer de boca, mama, hígado y estómago.
1. Realizar entre 5-6 comidas pequeñas al día.
2. Adaptar el horario de comidas, sabiendo que por la mañana se toleran mejor los aportes calóricos más altos.
3. Aprovechar para realizar comidas fuertes en los momentos de mayor ánimo y menor fatiga.
4. Variar al máximo las comidas, cuidando especialmente su presentación, buscando un ambiente agradable.
5. Se debe mantener una higiene bucal adecuada después de la ingesta.
6. Masticar lentamente y con la boca cerrada, para evitar tragar aire.
7. Ingerir líquidos preferiblemente después de las comidas, evitando las bebidas gaseosas.
8. Evitar las comidas con sabores y olores fuertes. Evitar también alimentos picantes o que produzcan gases.
9. Evitar las temperaturas extremas de los alimentos.
10. Adaptar la textura y consistencia de los alimentos a la situación de cada paciente. Suelen tolerarse mejor los alimentos al horno o hervidos. Los fritos y rebozados producen saciedad.