06 de Septiembre de 2010
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La leche y sus derivados, una de las bases de la alimentación humana
LOS BENEFICIOS DE LOS LÁCTEOS SE EXTIENDEN MÁS ALLÁ DE SU PAPEL EN EL CRECIMIENTO Y DESARROLLO DEL INDIVIDUO
Han pasado ya varios milenios desde que la primera tribu se hizo sedentaria y domesticó ciertos animales para aprovecharse de su carne, de su piel y lógicamente también de su leche. Desde entonces, ésta se ha convertido en un alimento fundamental para los seres humanos, compuesta en su mayoría por agua (87%), además de lípidos (4%), proteínas (3%), carbohidratos (5%) y sales (1%). Algo tan sencillo y a la vez tan rico, pues no es fácil encontrar materias primas de las que se obtengan tantos y tan diferentes productos, desde distintos tipos de leche (entera, semidesnatada, desnatada, en polvo, condensada, infantiles adaptadas, de continuación, sin lactosa y un largo etcétera), hasta natas, mantequillas y quesos, pasando por yogures, helados y cuajadas.

La leche y sus derivados son alimentos de gran valor nutricional. El hecho de que sea un alimento especialmente rico en proteínas y calcio de fácil asimilación, nutrientes muy importantes en el mantenimiento de la masa ósea y muscular y en etapas de crecimiento y desarrollo, le convierte en un ingrediente indiscutible, salvo contraindicación médica, en la alimentación de los niños, de los adolescentes, los ancianos y las mujeres embarazadas o en período de lactancia.

Al llegar a la edad adulta, se produce con frecuencia una disminución en el consumo de lácteos al considerar que la época de crecimiento ya ha finalizado. Sin embargo, sus beneficios se extienden más
Leche y Omega 3, una pareja de éxito
Los Omega 3 son conocidos como uno de los ácidos grasos esenciales porque son imprescindibles para garantizar el correcto funcionamiento del organismo aunque, paradójicamente, éste no puede fabricarlos por sí mismo. Forman parte de la estructura del cuerpo humano, estando presentes en la composición de todas nuestras células. El crecimiento y el desarrollo de todos los tejidos, y especialmente del sistema nervioso, depende en gran parte de ellos por lo que las futuras mamás, las que estén dando el pecho a su bebé y los niños han de tenerlos muy presentes en su alimentación. Baste como muestra el siguiente ejemplo: se ha demostrado que los lactantes alimentados con leche materna o con fórmulas infantiles enriquecidas con Omega 3 han avanzado más en su desarrollo mental que aquellos bebés que se han alimentado con fórmulas lácteas sin suplementar. Además, también se ha llegado a la conclusión de que los recién nacidos prematuros que comienzan pronto a tomar Omega 3 notan como éste influye positivamente en el desarrollo de la agudeza visual y en la capacidad de desarrollo de la comunicación verbal.

La leche por sí misma no incluye Omega 3 pero con el tiempo se ha desvelado como un excelente medio para poder incorporarlos en su proceso de elaboración, de ahí el término 'leche enriquecida con Omega 3' pues a la vez que se toma leche, o cualquier otro producto lácteo, se está regalando al organismo dosis extras de este ácido graso tan necesario y a la vez tan escaso en la naturaleza. Y es que, en estado natural sólo se encuentra en pequeña proporción en ciertos aceites vegetales y, sobre todo, en el pescado azul.

allá de su papel en el crecimiento y desarrollo del individuo.

Nutrientes

Desde el punto de vista nutricional, los productos lácteos constituyen uno de los pilares de la alimentación. Ello se debe fundamentalmente a las siguientes características:

En primer lugar, presentan una amplia gama de nutrientes; son alimentos muy completos, ya que en su composición tienen una gran variedad de nutrientes y además hay un buen balance entre los constituyentes mayoritarios de la leche, grasa, proteínas y carbohidratos. Gracias a esta composición tan variada, se convierten en una oportunidad para cubrir las necesidades nutricionales de los distintos grupos de población. Por eso se consideran tan importantes en la dieta.

Por otro lado, los lácteos contienen gran variedad de macronutrientes y micronutrientes que garantizan un correcto desarrollo de la persona y además el aporte de nutrientes es alto, en relación con el contenido de calorías. Concretamente son alimentos especialmente ricos en proteínas y calcio de fácil asimilación. También son una fuente importante de vitaminas.

Finalmente, la composición variable en agua, lactosa, grasa, proteínas, vitaminas y minerales que tienen los productos lácteos, hace que se adapten muy bien a todo tipo de dietas y a todo tipo de personas con distintos requerimientos nutricionales.

Grasa e hidratos de carbono

La cantidad de grasa presente en los lácteos varía según el producto y el proceso de obtención del mismo. La leche, en función de su contenido graso, se clasifica en:

Entera: contenido en grasa mayor o igual al 3,5 por ciento.

Semidesnatada: entre el 1,5 y el 1,8 por ciento de materia grasa.

Desnatada: menos del 0,3 por ciento de materia grasa.

Cada producto lácteo tiene un contenido en grasa distinto. El yogur, las leches fermentadas o la cuajada contienen del 1 al 5 por ciento y los quesos presentan un 10-30 por ciento de grasa.

Por su parte, en los productos lácteos el hidrato de carbono predominante es la lactosa. Es, junto con el agua, su principal componente y a ella debemos la cuarta parte de la energía total que la leche nos proporciona. Los hidratos de carbono tienen como función primordial aportar energía. El cerebro, en condiciones normales, utiliza la glucosa como fuente de energía. Por tanto, los hidratos de carbono son fundamentales en el metabolismo de los centros nerviosos.

FUENTES: Leche, Lácteos y Salud. Instituto Omega 3. Libro Blanco de los Lácteos.

Más información: www.lacteosinsustituibles.es
APUESTE POR UNA DIETA SALUDABLE RICA EN LÁCTEOS
La cantidad diaria recomendada de lácteos varía en función de la edad y las características fisiológicas de cada persona. Se recomienda que los adolescentes, los deportistas y las mujeres embarazadas, en período de lactancia o en la menopausia tomen entre tres y cuatro raciones al día; los escolares y los adultos de dos a tres y los ancianos entre dos y cuatro lácteos, preferentemente enriquecidos con vitaminas A y D y folatos. En adultos y ancianos es preferible el consumo de desnatados o semidesnatados.

Si hay razones, ya sean sanitarias o personales, para excluir a los lácteos de la dieta, para cubrir su carencia se puede apostar por preparados vegetales a base de soja, almendras, avellanas o distintas combinaciones enriquecidas con calcio, vitaminas A y D e incluso con otros micronutrientes.

Para comenzar bien el día

El desayuno es más que una simple comida. Es lo primero que ingerimos al inicio de la jornada y lo que nos va a mantener en forma y con la mente despejada toda la mañana; no en vano los expertos consideran que es la comida más importante del día. El desayuno perfecto debe incluir un lácteo (a elegir, según preferencias, entre leche, yogur, queso fresco, cuajada o requesón) acompañado de una ración de fruta y de algún cereal, como pan, normal o integral, cereales de desayuno, muesli o copos de avena.

Tanto adultos como niños han de acostumbrarse a hacer un pequeño paréntesis a media mañana y tomar un bocadillo o un sándwich, junto con un lácteo desnatado o semidesnatado y/o una pieza de fruta. Lo mismo vale para la merienda.

Un lácteo y una pieza de fruta son el broche de oro que debería estar presente en todos los menús.



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