LOS BENEFICIOS DE LOS LÁCTEOS SE EXTIENDEN MÁS ALLÁ DE
SU PAPEL EN EL CRECIMIENTO Y DESARROLLO DEL INDIVIDUO
Han pasado ya varios milenios
desde que la primera
tribu se hizo sedentaria y domesticó
ciertos animales para
aprovecharse de su carne, de
su piel y lógicamente también
de su leche. Desde entonces,
ésta se ha convertido en un
alimento fundamental para los
seres humanos, compuesta en
su mayoría por agua (87%),
además de lípidos (4%), proteínas
(3%), carbohidratos
(5%) y sales (1%). Algo tan
sencillo y a la vez tan rico,
pues no es fácil encontrar materias
primas de las que se obtengan
tantos y tan diferentes
productos, desde distintos tipos
de leche (entera, semidesnatada,
desnatada, en polvo,
condensada, infantiles adaptadas,
de continuación, sin lactosa
y un largo etcétera), hasta
natas, mantequillas y quesos,
pasando por yogures, helados
y cuajadas.
La leche y sus derivados
son alimentos de gran valor
nutricional. El hecho de que
sea un alimento especialmente
rico en proteínas y calcio de fácil
asimilación, nutrientes muy
importantes en el mantenimiento
de la masa ósea y muscular
y en etapas de crecimiento
y desarrollo, le convierte en
un ingrediente indiscutible, salvo
contraindicación médica, en
la alimentación de los niños, de
los adolescentes, los ancianos y
las mujeres embarazadas o en
período de lactancia.
Al llegar a la edad adulta,
se produce con frecuencia una
disminución en el consumo de
lácteos al considerar que la
época de crecimiento ya ha finalizado.
Sin embargo, sus beneficios
se extienden más
Leche y Omega 3, una pareja de éxito
Los Omega 3 son conocidos
como uno de los ácidos
grasos esenciales porque son
imprescindibles para garantizar
el correcto funcionamiento
del organismo aunque, paradójicamente,
éste no puede
fabricarlos por sí mismo. Forman
parte de la estructura del
cuerpo humano, estando presentes
en la composición de
todas nuestras células. El crecimiento
y el desarrollo de todos
los tejidos, y especialmente
del sistema nervioso,
depende en gran parte de
ellos por lo que las futuras mamás,
las que estén dando el
pecho a su bebé y los niños
han de tenerlos muy presentes
en su alimentación. Baste como
muestra el siguiente ejemplo:
se ha demostrado que los
lactantes alimentados con leche
materna o con fórmulas
infantiles enriquecidas con
Omega 3 han avanzado más
en su desarrollo mental que
aquellos bebés que se han alimentado
con fórmulas lácteas
sin suplementar. Además, también
se ha llegado a la conclusión
de que los recién nacidos
prematuros que comienzan
pronto a tomar Omega 3 notan
como éste influye positivamente
en el desarrollo de la
agudeza visual y en la capacidad
de desarrollo de la comunicación
verbal.
La leche por sí misma no incluye
Omega 3 pero con el
tiempo se ha desvelado como
un excelente medio para poder
incorporarlos en su proceso de
elaboración, de ahí el término
'leche enriquecida con Omega 3'
pues a la vez que se toma leche,
o cualquier otro producto lácteo,
se está regalando al organismo
dosis extras de este ácido graso
tan necesario y a la vez tan escaso
en la naturaleza. Y es que, en
estado natural sólo se encuentra
en pequeña proporción en ciertos
aceites vegetales y, sobre todo,
en el pescado azul.
allá
de su papel en el crecimiento
y desarrollo del individuo.
Nutrientes
Desde el punto de vista nutricional,
los productos lácteos
constituyen uno de los pilares
de la alimentación. Ello se debe
fundamentalmente a las siguientes
características:
En primer lugar, presentan
una amplia gama de nutrientes;
son alimentos muy completos,
ya que en su composición tienen
una gran variedad de nutrientes
y además hay un buen
balance entre los constituyentes
mayoritarios de la leche, grasa,
proteínas y carbohidratos. Gracias
a esta composición tan variada,
se convierten en una
oportunidad para cubrir las necesidades
nutricionales de los
distintos grupos de población.
Por eso se consideran tan importantes
en la dieta.
Por otro lado, los lácteos
contienen gran variedad de
macronutrientes y micronutrientes
que garantizan un correcto
desarrollo de la persona
y además el aporte de nutrientes
es alto, en relación con el
contenido de calorías. Concretamente
son alimentos especialmente
ricos en proteínas y
calcio de fácil asimilación.
También son una fuente importante
de vitaminas.
Finalmente, la composición
variable en agua, lactosa,
grasa, proteínas, vitaminas y
minerales que tienen los productos
lácteos, hace que se
adapten muy bien a todo tipo
de dietas y a todo tipo de personas
con distintos requerimientos
nutricionales.
Grasa e hidratos
de carbono
La cantidad de grasa presente
en los lácteos varía según el
producto y el proceso de obtención
del mismo. La leche,
en función de su contenido
graso, se clasifica en:
Entera: contenido en
grasa mayor o igual al 3,5 por
ciento.
Semidesnatada: entre
el 1,5 y el 1,8 por ciento de
materia grasa.
Desnatada: menos del
0,3 por ciento de materia
grasa.
Cada producto lácteo tiene
un contenido en grasa distinto.
El yogur, las leches fermentadas
o la cuajada contienen del 1
al 5 por ciento y los quesos
presentan un 10-30 por ciento
de grasa.
Por su parte, en los productos
lácteos el hidrato de
carbono predominante es la
lactosa. Es, junto con el agua,
su principal componente y a
ella debemos la cuarta parte
de la energía total que la leche
nos proporciona. Los hidratos
de carbono tienen como
función primordial aportar
energía. El cerebro, en condiciones
normales, utiliza la glucosa
como fuente de energía.
Por tanto, los hidratos de carbono
son fundamentales en el
metabolismo de los centros
nerviosos.
FUENTES: Leche, Lácteos y Salud.
Instituto Omega 3. Libro Blanco de
los Lácteos.
Más información:
www.lacteosinsustituibles.es
APUESTE POR UNA DIETA SALUDABLE RICA EN LÁCTEOS
La cantidad diaria recomendada
de lácteos varía en
función de la edad y las características
fisiológicas de cada
persona. Se recomienda que
los adolescentes, los deportistas
y las mujeres embarazadas,
en período de lactancia o en la
menopausia tomen entre tres
y cuatro raciones al día; los escolares
y los adultos de dos a
tres y los ancianos entre dos y
cuatro lácteos, preferentemente
enriquecidos con vitaminas
A y D y folatos. En adultos y
ancianos es preferible el consumo
de desnatados o semidesnatados.
Si hay razones, ya sean sanitarias
o personales, para excluir
a los lácteos de la dieta, para cubrir
su carencia se puede apostar
por preparados vegetales a
base de soja, almendras, avellanas
o distintas combinaciones
enriquecidas con calcio, vitaminas
A y D e incluso con otros
micronutrientes.
Para comenzar
bien el día
El desayuno es más que una
simple comida. Es lo primero
que ingerimos al inicio de la jornada
y lo que nos va a mantener
en forma y con la mente
despejada toda la mañana; no
en vano los expertos consideran
que es la comida más importante
del día. El desayuno perfecto
debe incluir un lácteo (a elegir,
según preferencias, entre leche,
yogur, queso fresco, cuajada o
requesón) acompañado de una
ración de fruta y de algún cereal,
como pan, normal o integral,
cereales de desayuno,
muesli o copos de avena.
Tanto adultos como niños
han de acostumbrarse a hacer
un pequeño paréntesis a media
mañana y tomar un bocadillo o
un sándwich, junto con un lácteo
desnatado o semidesnatado
y/o una pieza de fruta. Lo mismo
vale para la merienda.
Un lácteo y una pieza de
fruta son el broche de oro que
debería estar presente en todos los menús.