SI ES HIPERTENSO, SIGA EL TRATAMIENTO Y NO DEJE DE ACUDIR A SUS CITAS PROGRAMADAS CON EL MÉDICO AUNQUE SE ENCUENTRE BIEN
La hipertensión arterial (HTA)
es la principal causa de enfermedades
cardiovasculares, es
muy frecuente y sin embargo
no produce síntomas. Se trata
de un problema de salud que
padece entre el 20 y el 30 por
ciento de la población española.
Pero quizá lo más importante es
que alrededor del 70 por ciento
de los españoles no controla
adecuadamente su tensión arterial,
lo cual aumenta de forma
importante el riesgo de padecer
accidentes cardiacos o cerebrovasculares.
Además, existe una
gran proporción de hipertensos
que no saben que lo son y, de
los que lo saben, sólo reciben
tratamiento un 50 por ciento.
Cambios continuos
La presión arterial no es constante,
cambia continuamente
para adaptarse a las necesidades
del organismo en cada momento.
Entre las circunstancias
que aumentan transitoriamente
los valores tensionales están el
esfuerzo físico, un cambio climático,
el frío, emociones fuertes,
el dolor, el miedo, tensiones
psíquicas, conducción de
automóviles, hablar en público,
discusiones fuertes, ruidos, etc.
La edad es otro factor, por
desgracia no modificable, que
va a influir sobre las cifras de
presión arterial, de manera que
tanto la presión arterial sistólica
o máxima como la diastólica o
mínima aumentan con el transcurso
de los años y lógicamente
se encuentra un mayor número
de hipertensos en los grupos de
más edad.
Durante mucho tiempo
no se sabía que tener la presión
eleva
VALORES NORMALES
Los valores de normalidad tensional han ido variando en los
últimos años hacia cifras más bajas. En este momento y para
adultos mayores de 18 años, se consideran cuatro niveles de
tensión arterial:
» TA óptima: cifras inferiores a 120/80.
» TA normal: cifras inferiores a 130/85.
» TA normal-elevada: cifras superiores a 130-139/85-89.
» Hipertensión: cifras superiores a 140/90.
Hay que tener en cuenta que la tensión arterial sigue un ritmo
circadiano con dos periodos más elevados (de 9 a 12 de la mañana
y de 7 a 9 de la noche) y dos periodos más bajos (de 3 a 5
de la tarde y de 2 a 4 de la madrugada). Todos los hipertensos
deben ser tratados hasta conseguir disminuir las cifras de presión
arterial por debajo de 140-90 mmHg y mantener después este
tratamiento de forma continuada para mantener los niveles.
da era perjudicial.
Hoy sí se sabe con certeza que
la hipertensión daña poco a
poco las arterias hasta que éstas
terminan por cerrarse o
por romperse. Además, la presión
elevada hace que aumente
el trabajo del corazón, el
cual aumenta de tamaño y
puede llegar a fallar.
El riñón sufre también las
consecuencias de la HTA; de
hecho, entre los pacientes hipertensos
se registra insuficiencia
renal con más frecuencia
que entre los normotensos. Esto
hace que en las personas hipertensas
haya más infartos de
miocardio, más accidentes cerebrovasculares,
más casos de
insuficiencia renal y otros problemas
que pueden producir
invalidez e incluso la muerte
del paciente.
Dieta y ejercicio
De acuerdo con el "Club del
hipertenso" -entidad dedicada
a la difusión del conocimiento
de la hipertensión arterial, auspiciada
por la Sociedad Española
de Hipertensión y la Liga
Española para la lucha contra
la Hipertensión-, la presión debe
tratarse inicialmente con
cambios en la dieta, reduciendo
moderadamente la sal, los
alimentos grasos y las calorías,
si existe obesidad. Es conveniente
reducir la ingesta de
bebidas alcohólicas, realizar algún
ejercicio físico moderado
y evitar las situaciones que
produzcan estrés.
Si después de un tiempo
con estas medidas no se ha logrado
un adecuado descenso de
la presión, será necesario recurrir
al tratamiento farmacológico.
Hoy en día, afortunadamente,
existen muchos medicamentos
para reducir la presión arterial de
gran eficacia y con mínimos
efectos secundarios.
El paciente hipertenso puede
y debe llevar una vida totalmente
normal. El uso de alcohol
y café en cantidades moderadas
está permitido. El ejercicio físico
moderado no sólo no es perjudicial,
sino que es muy recomendable,
ya que ayuda a un
mejor control de la presión arterial
y es de gran ayuda en aquellos
pacientes que presentan sobrepeso.
El tabaco, en cambio,
es negativo por sí solo; pero,
además, en el paciente hipertenso
es doblemente dañino, ya
que une sus efectos sobre las arterias
a los de la hipertensión,
con lo que el riesgo del paciente
aumenta extraordinariamente.
De todos los factores que
influyen sobre las cifras de presión
arterial, el aumento de peso
y el excesivo consumo de alcohol
son los más relevantes,
teniendo una importancia muy
superior a la ingesta de sal.
Aumentar peso significa aumentar
las cifras tensionales, y reducir
peso, incluso aunque no se
alcance el peso ideal, se acompaña
siempre de una reducción
de la presión arterial.
FUENTE: Club del hipertenso.
Más información:
www.seh-lelha.org/club/clubhto.htm