06 de Septiembre de 2010
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El balón intragástrico, un cortafuegos frente a la obesidad
SE IMPLANTA EN EL ESTÓMAGO DE FORMA TEMPORAL Y AYUDA A CONSEGUIR PÉRDIDAS DE PESO SIGNIFICATIVAS EN UN CORTO PERIODO DE TIEMPO
La obesidad es un importante problema de salud en todo el mundo. Lo primero que hay que hacer para combatirla es luchar con dos de las lacras a las que nos ha abocado la nueva era dominada por el estrés y las comodidades en exceso: el sedentarismo y la mala alimentación. Ante el sobrepeso y la obesidad, siempre es necesario ponerse en manos de un especialista y seguir sus indicaciones: una dieta personalizada que se adapte a las características de cada individuo y que ayude a perder peso en pequeñas cantidades y de forma paulatina, junto a la práctica de ejercicio físico de forma regular.

Pero en algunas ocasiones estas medidas no son suficientes y el médico puede optar por sumar un tratamiento farmacológico e, incluso, la cirugía, reservada para personas con obesidad mórbida, y el balón intragástrico, un 'particular cortafuegos' frente al avance de la obesidad en el que vamos a centrar nuestra atención.

Dispositivo temporal

El balón intragástrico es un dispositivo no quirúrgico que se implanta en el estómago de forma temporal y que ayuda a conseguir pérdidas de peso significativas en un corto periodo de tiempo. Al ocupar parte del estómago, provoca una sensación constante de saciedad. En definitiva, el paciente que se somete a esta intervención tiene menos apetito, come menos, 'pica' menos entre horas y por tanto consigue adelgazar. Además, con esta sensación de saciedad es más fácil que la persona que lo porta acabe cambiando sus hábitos dietéticos.

Lejos queda ya el año 1985, fecha en la que se implantaron los primeros balones intragástricos, unos dispositivos que pronto se retirarían del mercado por la elevada incidencia de efectos secundarios que presentaban. Desde entonces hasta ahora muchas cosas han cambiado. Apenas hace cinco años (2004) que esta técnica empezó a utilizarse de manera más protocolizada y con carácter multidisciplinar en nuestro país, que cuenta ya con una acreditada experiencia en la realización de esta técnica.

El balón más usado hoy en día es una esfera de silicona que se introduce desinflada en el interior del estómago a través de la boca, valiéndose de un endoscopio. Una vez allí se rellena con unos 400 a 700 mililitros de solución salina con un colorante llamado azul de metileno permanece en el organismo alerta de la presencia de roturas o pérdidas. El siguiente paso es cerrar la válvula que impide que se vacíe y por último comprobar endoscópicamente que queda bien situado. Mientras está en el estómago, el balón flota libremente sin pegarse a sus paredes y sin provocar, por tanto, ningún tipo de lesión. A los seis meses, como máximo, de su implantación, se retirará de nuevo por vía endoscópica. Y es que, aunque el balón es de silicona de alta calidad y resistente a los ácidos del estómago, con el tiempo las bacterias y la acción persistente de la acidez gástrica debilitan sus paredes y puede desinflarse.

Especialistas cualificados

No es una intervención quirúrgica, sino una técnica endoscópica que se realiza rápidamente, en un tiempo de entre 15 y 20 minutos, de manera ambulatoria, es decir, sin necesidad de ingreso hospitalario. A pesar de su aparente sencillez, no todos los centros sanitarios están cualificados para llevar a cabo esta técnica. Hay que rechazar centros no sanitarios o que no cuenten con un equipo multidisciplinar para el tratamiento de la obesidad que haga un seguimiento activo del paciente. Endoscopistas con experiencia en la realización del procedimiento, cirujanos con experiencia en cirugía de la obesidad, endocrinólogos y dietistas, que intentan reeducar los hábitos alimentarios del paciente, y personal de apoyo psicológico (psicólogos y psiquiatras), que con su trabajo ayudan a obtener mejores resultados, son especialistas que no deben faltar en este equipo, por lo que los centros sanitarios que realicen esta técnica endoscópica han de garantizar sus cuidados antes, durante y después de la colocación del balón.

Resultados

Lo difícil no es perder kilos en pocos meses sino no volver a cogerlos con el tiempo y tener un balón intragástrico durante seis meses en el estómago no es por sí mismo garantía de éxito. El balón intragástrico es una medida de tratamiento de exceso de peso temporal, un capítulo más dentro de un programa coordinado de modificación de la conducta alimentaria y de los hábitos de vida; es decir, el balón ha de ir siempre acompañado de una dieta baja en calorías, aumento de la actividad física y cambio de hábitos en el día a día. Mientras el balón esté colocado se pueden perder kilos con relativa facilidad; en concreto, entre diez y veinte a los seis meses, todo dependerá del peso del que se parta, que se recuperarán con seguridad si la persona que se somete a esta técnica no sigue en este tiempo la dieta marcada por el especialista y no incluye el ejercicio físico en sus actividades diarias. Tal es así que, en general, entre el 30 y el 50 por ciento de los pacientes recuperan el peso perdido en los seis meses siguientes a la retirada del balón.

¿En quién está indicado?

Una cosa está clara: ni debe ser la primera opción ni puede verse como una manera de perder peso a demanda. Las personas con obesidad severa, especialmente si se acompaña de otras patologías, como diabetes, hipertensión, apnea del sueño o artrosis, son candidatos al balón intragástrico, pero antes de embarcarse en esta técnica tienen que haber fracasado todas las medidas habituales de pérdida de peso, dieta, ejercicio y tratamiento farmacológico, según métodos contrastados y siempre supervisados por su médico o farmacéutico. También puede someterse a ella casos seleccionados de pacientes con contraindicación a la cirugía de la obesidad o en obesidades muy extremas que precisen perder peso rápidamente antes de someterse a una intervención quirúrgica, pues con la pérdida de peso los riesgos que la acompañan disminuyen.

Por otro lado, esta técnica está contraindicada en algunos casos muy definidos, como personas en tratamiento psiquiátrico, con trastornos del comportamiento alimentario o que padezcan una enfermedad inflamatoria intestinal, como gastritis o enfermedad de Crohn, entre otras situaciones. En cualquier caso, quien ha de tomar la decisión de colocar o no un balón intragástrico es un profesional cualificado, experto en obesidad, que evaluará, entre otras cosas, la enfermedad en todo su contexto, las expectativas reales de éxito y las posibles complicaciones.

Alimentación paulatina

Una vez implantado el balón, el paciente debe ir asimilando los alimentos poco a poco. Se comienza con una dieta líquida y paulatinamente se van introduciendo alimentos triturados y blandos hasta que llega el momento en el que se pueden comer sólidos, pero siempre en muy pequeñas cantidades y repartidos en 5-6 tomas diarias. Estas primeras semanas con frecuencia se acompañan de náuseas y vómitos, que se pueden contrarrestar con medicamentos antieméticos. Además, se recomienda tomar un protector gástrico para evitar una excesiva secreción de ácidos por el estómago. En ese momento, un profesional experto en nutrición supervisará las indicaciones alimentarias, asesorará sobre lo que debe comer y vigilará la posible aparición de malnutrición o deficiencias en vitaminas y minerales.

Posibles complicaciones

La técnica, aunque correctamente realizada es bastante inocua, en algunas ocasiones, puede acarrear efectos adversos importantes, por lo que una vez que el balón ha sido implantado el paciente ha de ser correctamente informado y controlado para evitar o minimizar las complicaciones. Quien vaya a someterse a esta técnica ha de conocer no sólo los beneficios sino también los riesgos a los que se expone.

Al margen de las náuseas, arcadas y vómitos, frecuentes especialmente durante los primeros días, y de otras molestias también comunes como acidez, reflujo o estreñimiento, y más allá de las complicaciones que la endoscopia en si misma puede ocasionar, raras pero posibles, puede ocurrir que el balón se desinfle.

Lo normal ante tal improbable situación es que el balón desinflado pase por los intestinos y se expulse del cuerpo de forma natural, pues es lo suficientemente pequeño como para poder hacerlo, pero puede ocurrir que, atrapado en el intestino, lo obstruya. Esta situación, aunque ocurre en casos excepcionales, puede ser muy grave y poner en peligro la vida del paciente, por lo que es preciso intervenir quirúrgicamente de forma urgente.

Por suerte, los balones que se utilizan normalmente hoy en día están preparados para dar la voz de alarma. Y es que, por un lado, cuando hay fuga en el balón, el colorante azul que se añade al suero salino se elimina tanto por la orina como por las heces, por lo que no pasa desapercibido y, además, cuando el balón no está debidamente inflado el hambre regresa y/o no se pierde peso. Si la persona en cuestión nota cualquier señal de alarma ha de acudir al médico para verificar si el balón está colocado correctamente y en caso de fuga retirarlo de forma inmediata.

FUENTES: Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad y Ministerio de Sanidad y Política Social.



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