El balón intragástrico, un cortafuegos frente a la obesidad
SE IMPLANTA EN EL ESTÓMAGO DE FORMA TEMPORAL Y AYUDA A CONSEGUIR PÉRDIDAS DE PESO SIGNIFICATIVAS EN UN CORTO PERIODO DE TIEMPO

La obesidad es un importante
problema de salud en todo
el mundo. Lo primero que
hay que hacer para combatirla
es luchar con dos de las lacras a
las que nos ha abocado la nueva
era dominada por el estrés y
las comodidades en exceso: el
sedentarismo y la mala alimentación.
Ante el sobrepeso y la
obesidad, siempre es necesario
ponerse en manos de un especialista
y seguir sus indicaciones:
una dieta personalizada
que se adapte a las características
de cada individuo y que
ayude a perder peso en pequeñas
cantidades y de forma paulatina,
junto a la práctica de
ejercicio físico de forma regular.
Pero en algunas ocasiones
estas medidas no son suficientes
y el médico puede optar
por sumar un tratamiento farmacológico
e, incluso, la cirugía,
reservada para personas
con obesidad mórbida, y el balón
intragástrico, un 'particular
cortafuegos' frente al avance
de la obesidad en el que vamos
a centrar nuestra atención.
Dispositivo temporal
El balón intragástrico es un dispositivo
no quirúrgico que se
implanta en el estómago de forma
temporal y que ayuda a conseguir
pérdidas de peso significativas
en un corto periodo de
tiempo. Al ocupar parte del estómago,
provoca una sensación
constante de saciedad. En definitiva,
el paciente que se somete a
esta intervención tiene menos
apetito, come menos, 'pica' menos
entre horas y por tanto consigue
adelgazar. Además, con
esta sensación de saciedad es
más fácil que la persona que lo
porta acabe cambiando sus hábitos
dietéticos.
Lejos queda ya el año
1985, fecha en la que se implantaron
los primeros balones
intragástricos, unos dispositivos
que pronto se retirarían del
mercado por la elevada incidencia
de efectos secundarios
que presentaban. Desde entonces
hasta ahora muchas cosas
han cambiado. Apenas hace
cinco años (2004) que esta técnica
empezó a utilizarse de manera
más protocolizada y con
carácter multidisciplinar en
nuestro país, que cuenta ya con
una acreditada experiencia en
la realización de esta técnica.
El balón más usado hoy en
día es una esfera de silicona
que se introduce desinflada en
el interior del estómago a través
de la boca, valiéndose de
un endoscopio. Una vez allí se
rellena con unos 400 a 700 mililitros
de solución salina con
un colorante llamado azul de metileno permanece
en el organismo alerta de
la presencia de roturas o pérdidas.
El siguiente paso es cerrar
la válvula que impide que se
vacíe y por último comprobar
endoscópicamente que queda
bien situado. Mientras está en
el estómago, el balón flota libremente
sin pegarse a sus paredes
y sin provocar, por tanto,
ningún tipo de lesión. A los
seis meses, como máximo, de
su implantación, se retirará de
nuevo por vía endoscópica. Y
es que, aunque el balón es de
silicona de alta calidad y resistente
a los ácidos del estómago,
con el tiempo las bacterias
y la acción persistente de la
acidez gástrica debilitan sus
paredes y puede desinflarse.
Especialistas
cualificados
No es una intervención quirúrgica,
sino una técnica endoscópica
que se realiza rápidamente,
en un tiempo de entre
15 y 20 minutos, de manera
ambulatoria, es decir, sin necesidad
de ingreso hospitalario.
A pesar de su aparente
sencillez, no todos los centros
sanitarios están cualificados
para llevar a cabo esta técnica.
Hay que rechazar centros no
sanitarios o que no cuenten
con un equipo multidisciplinar
para el tratamiento de la obesidad
que haga un seguimiento
activo del paciente. Endoscopistas
con experiencia en la
realización del procedimiento,
cirujanos con experiencia en
cirugía de la obesidad, endocrinólogos
y dietistas, que intentan
reeducar los hábitos alimentarios
del paciente, y
personal de apoyo psicológico
(psicólogos y psiquiatras), que
con su trabajo ayudan a obtener
mejores resultados, son especialistas
que no deben faltar
en este equipo, por lo que los
centros sanitarios que realicen
esta técnica endoscópica han
de garantizar sus cuidados antes,
durante y después de la
colocación del balón.
Resultados
Lo difícil no es perder kilos en
pocos meses sino no volver a
cogerlos con el tiempo y tener
un balón intragástrico durante
seis meses en el estómago no
es por sí mismo garantía de
éxito. El balón intragástrico es
una medida de tratamiento de
exceso de peso temporal, un
capítulo más dentro de un
programa coordinado de modificación
de la conducta alimentaria
y de los hábitos de
vida; es decir, el balón ha de ir
siempre acompañado de una
dieta baja en calorías, aumento
de la actividad física y cambio
de hábitos en el día a día.
Mientras el balón esté colocado
se pueden perder kilos con
relativa facilidad; en concreto,
entre diez y veinte a los seis
meses, todo dependerá del
peso del que se parta, que se
recuperarán con seguridad si
la persona que se somete a esta
técnica no sigue en este
tiempo la dieta marcada por el
especialista y no incluye el
ejercicio físico en sus actividades
diarias. Tal es así que, en
general, entre el 30 y el 50
por ciento de los pacientes recuperan
el peso perdido en los
seis meses siguientes a la retirada
del balón.
¿En quién está
indicado?
Una cosa está clara: ni debe ser
la primera opción ni puede verse
como una manera de perder
peso a demanda. Las personas
con obesidad severa, especialmente
si se acompaña de otras
patologías, como diabetes, hipertensión,
apnea del sueño o
artrosis, son candidatos al balón
intragástrico, pero antes de embarcarse
en esta técnica tienen
que haber fracasado todas las
medidas habituales de pérdida
de peso, dieta, ejercicio y tratamiento
farmacológico, según
métodos contrastados y siempre
supervisados por su médico
o farmacéutico. También puede
someterse a ella casos seleccionados
de pacientes con contraindicación
a la cirugía de la
obesidad o en obesidades muy
extremas que precisen perder
peso rápidamente antes de someterse
a una intervención quirúrgica,
pues con la pérdida de
peso los riesgos que la acompañan
disminuyen.
Por otro lado, esta técnica
está contraindicada en algunos
casos muy definidos, como
personas en tratamiento
psiquiátrico, con trastornos del
comportamiento alimentario o
que padezcan una enfermedad
inflamatoria intestinal, como
gastritis o enfermedad de
Crohn, entre otras situaciones.
En cualquier caso, quien
ha de tomar la decisión de colocar
o no un balón intragástrico
es un profesional cualificado,
experto en obesidad,
que evaluará, entre otras cosas,
la enfermedad en todo su
contexto, las expectativas reales
de éxito y las posibles complicaciones.
Alimentación
paulatina
Una vez implantado el balón,
el paciente debe ir asimilando
los alimentos poco a poco. Se
comienza con una dieta líquida
y paulatinamente se van introduciendo
alimentos triturados
y blandos hasta que llega
el momento en el que se pueden
comer sólidos, pero siempre
en muy pequeñas cantidades
y repartidos en 5-6 tomas
diarias. Estas primeras semanas
con frecuencia se acompañan
de náuseas y vómitos, que
se pueden contrarrestar con
medicamentos antieméticos.
Además, se recomienda tomar
un protector gástrico para evitar
una excesiva secreción de
ácidos por el estómago. En ese
momento, un profesional experto
en nutrición supervisará
las indicaciones alimentarias,
asesorará sobre lo que debe
comer y vigilará la posible
aparición de malnutrición o
deficiencias en vitaminas y minerales.
Posibles
complicaciones
La técnica, aunque correctamente
realizada es bastante
inocua, en algunas ocasiones,
puede acarrear efectos adversos
importantes, por lo que una vez
que el balón ha sido implantado
el paciente ha de ser correctamente
informado y controlado
para evitar o minimizar las
complicaciones. Quien vaya a
someterse a esta técnica ha de
conocer no sólo los beneficios
sino también los riesgos a los
que se expone.
Al margen de las náuseas,
arcadas y vómitos, frecuentes
especialmente durante los primeros
días, y de otras molestias
también comunes como
acidez, reflujo o estreñimiento,
y más allá de las complicaciones
que la endoscopia en si
misma puede ocasionar, raras
pero posibles, puede ocurrir
que el balón se desinfle.
Lo normal ante tal improbable
situación es que el balón
desinflado pase por los intestinos
y se expulse del cuerpo
de forma natural, pues es lo
suficientemente pequeño como
para poder hacerlo, pero
puede ocurrir que, atrapado
en el intestino, lo obstruya.
Esta situación, aunque ocurre
en casos excepcionales, puede
ser muy grave y poner en
peligro la vida del paciente,
por lo que es preciso intervenir
quirúrgicamente de forma
urgente.
Por suerte, los balones que
se utilizan normalmente hoy
en día están preparados para
dar la voz de alarma. Y es que,
por un lado, cuando hay fuga
en el balón, el colorante azul
que se añade al suero salino se
elimina tanto por la orina como
por las heces, por lo que
no pasa desapercibido y, además,
cuando el balón no está
debidamente inflado el hambre
regresa y/o no se pierde
peso. Si la persona en cuestión
nota cualquier señal de alarma
ha de acudir al médico para
verificar si el balón está colocado
correctamente y en caso
de fuga retirarlo de forma inmediata.
FUENTES: Sociedad Española para el
Estudio de la Obesidad y Ministerio
de Sanidad y Política Social.