Artroscopia, la técnica no invasiva para acceder a las articulaciones

<strong>Artroscopia, la técnica no invasiva para acceder a las articulaciones</strong>
La artroscopia es un procedimiento quirúrgico y como tal ha de ser realizado por cirujanos especialistas.
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1 abril 2010

La estancia en el hospital generalmente es menor que con la cirugía tradicional y la recuperación más rápida

La artroscopia es un procedimiento quirúrgico que se usa en Traumatología y Cirugía Ortopédica para diagnosticar y, en ocasiones, tratar diversos problemas y enfermedades que se localizan en el interior de una articulación sin necesidad de realizar cirugía abierta. Con la artroscopia, el cirujano puede ver la articulación en su totalidad gracias al artroscopio, un instrumento de pequeño tamaño, con forma de tubo alargado de entre 1,7 y 4,5 milímetros conectado a una pantalla de televisión a través de la que se observa e interviene la lesión.

Pequeñas incisiones son suficientes para que el artroscopio entre en el organismo y para que el cirujano pueda introducir los instrumentos que necesita para, por ejemplo, cortar, separar, cauterizar o extirpar, como pinzas o tijeras; instrumental de pequeño calibre especialmente diseñado. En definitiva, es una técnica quirúrgica mínimamente invasiva y por tanto con ventajas que no pasan desapercibidas para quién se somete a ella. Y es que, como las incisiones que requiere son muy pequeñas, la estancia en el hospital generalmente es menor que con la cirugía tradicional. La recuperación es más rápida, la experiencia menos dolorosa y las complicaciones habitualmente menores. Además, como las incisiones son pequeñas, se evitan las antiestéticas cicatrices.

Indicaciones

Las situaciones que pueden recurrir a una artroscopia son muchas y variadas. En primer lugar, puede utilizarse para realizar los diagnósticos que se resisten a ser descubiertos por una exploración física, radiológica o de otro tipo. Y es que la artroscopia ve lo que con otras técnicas no puede observarse o al menos se percibe lo mismo que ellas pero con más precisión. Así, algunas lesiones pasan desapercibidas o se ven con dificultad en un TAC o en una resonancia magnética y sin embargo la artroscopia las muestra claramente. En segundo lugar, sirve para tratar enfermedades o traumatismos que pueden acarrear daños en distintas partes: cartílagos, ligamentos, meniscos, tendones o músculos.

La rodilla es la articulación estrella de la artroscopia, aunque el hombro, el tobillo, la muñeca, la cadera y el codo también pueden estudiarse e intervenirse con esta técnica. En concreto las situaciones en las que se suele utilizar, ya sea para diagnosticar, para tratar o para ambas cosas son: rotura de ligamentos o de meniscos, desgaste o degeneración del cartílago articular, fragmentos o cuerpos libres de hueso o cartílago en el interior de la articulación, inflamaciones de la cubierta sinovial, mal alineamiento o tendencia a la luxación y rotura o degeneración de tendones.

La intervención

La artroscopia es un procedimiento quirúrgico y como tal ha de ser realizado por cirujanos especialistas en Traumatología y Cirugía Ortopédica. Una vez en quirófano pueden surgir problemas o descubrirse dolencias que pueden tratarse de inmediato o en un 'segundo tiempo'. También puede suceder que la artroscopia no pueda solucionar la lesión y haya que recurrir a la cirugía tradicional.

La anestesia requerida para la intervención puede ser local, regional, espinal o general, en función de la articulación afectada y el tipo de lesión. Para evitar el riesgo de infección se emplean antibióticos tanto antes como después de la intervención.

Una vez preparado el quirófano, el primer trabajo del cirujano es realizar pequeñas incisiones del tamaño de un ojal por las que pasará tanto el artroscopio como el instrumental que se requiera para tratar el problema, accediendo de esta forma al interior de la articulación enferma. Tanto el cirujano como el paciente, siempre que no esté bajo anestesia general, pueden seguir paso a paso la operación en un receptor de televisión que incluso puede grabarse en video. Finalizada la intervención, sólo queda cerrar las pequeñas incisiones, aunque en este sentido hay cirujanos que priman la estética y prefieren no dar puntos de sutura y, por último, aplicar un vendaje, salvo que sea necesario inmovilizar la articulación.

Uno o dos días es el tiempo que se suele estar hospitalizado después de una artroscopia. Una vez en casa han de seguirse las instrucciones del médico: tomar los medicamentos prescritos y evitar determinados comportamientos.

Las personas que vayan a someterse a una artroscopia han de saber que, aunque a simple vista es un procedimiento sencillo, no deja de ser una técnica quirúrgica y como tal no está exenta de complicaciones: infección, inflamación o sangrado, entre otras.

FUENTE: Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología.

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