Aprender a vivir con hemorroides

<strong>Aprender a vivir con hemorroides</strong>
Entre las causas de su aparición está el esfuerzo que se realiza durante la defecación.
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01 febrero 2006
RECOMENDACIONES A TENER EN CUENTA

» En la prevención de las hemorroides, los expertos recomiendan seguir una dieta rica en fibra, pues de este modo se producen heces blandas.

» Ante la existencia de hemorroides es importante limpiarse bien, con suavidad, después de cada defecación, utilizando papel blando húmedo y agua con jabón.

» En caso de sufrir algún ataque muy doloroso, causado casi siempre por una trombosis, es conveniente guardar cama durante un día e intentar aliviar el dolor con paracetamol, tomando una dosis cada cuatro horas.

» Para evitar la inflamación de las hemorroides expuestas se puede aplicar una compresa con hielo, o empapada con agua de hamamelis, o un baño con agua salada tibia.

» Si el dolor se prolonga durante más de doce horas es conveniente consultar con su médico o farmacéutico, que le aconsejará la utilización de pomadas o supositorios, aunque las pomadas es lo más habitual, con acción calmante, anestésica o antiinflamatoria.

» Si persiste el estreñimiento deberá buscarse las causas de su aparición y tratarlo, quizá con el uso de laxantes, siempre consultando con su médico o farmacéutico.

» Si el problema se prolonga, hay dos tratamientos más activos que no requieren hospitalización: el primero consiste en inyectar, en las propias hemorroides, un agente especial astringente; el segundo es un método denominado criocirugía, que destruye el tejido lesionado mediante congelación. Sin embargo, en numerosos casos se debe recurrir a la extirpación de las hemorroides mediante una intervención quirúrgica, conocida como hemorroidectomía.

Se denominan hemorroides a aquellas venas situadas cerca del ano o dentro del recto, que se han hinchado por la acumulación anormal de sangre a causa de la presión demasiado alta que, de una forma reiterada, se produce en su interior. Si las hemorroides se producen dentro del recto (hemorroides internas) no provocan dolor, pero a veces dan origen a hemorragias considerables. Las venas que se encuentran dentro del recto se pueden estirar y hasta salir fuera del ano, en cuyo caso sí pueden producir dolor. En esta circunstancia hablamos de que estamos ante una hemorroide prolapsada, que podrá volver por sí misma a su sitio.

Las hemorroides que están fuera del ano son fáciles de ver y sentir. Las venas hinchadas pueden sangrar si se raspan o se rompen por el esfuerzo, por frotación o al limpiarse. En ocasiones puede producir picor, y algunas veces rasgarse y sangrar. Si se forma un coágulo de sangre, el paciente notará un abultamiento sensible al tacto en el borde del ano.

Diversos factores

Por lo general, entre las causas de su aparición está el esfuerzo que se realiza durante la defecación y, en la mayoría de los casos, un estreñimiento persistente. Se dice que todo el mundo ha tenido hemorroides en algún momento de su vida, si bien diversos estudios ponen de relieve que alrededor de un 50% de las personas de más de 40 años padecen este trastorno. En cualquier caso, hay determinados factores que contribuyen a su aparición, fundamentalmente una alimentación con bajo contenido en fibra, que conlleva a la presencia de heces pequeñas y duras que, durante la defecación, pueden herir el esfínter a su paso, por lo que el dolor que se padece suele inhibir las siguientes deposiciones, lo que termina agravando el problema.

También el embarazo actúa como factor desencadenante de aparición de hemorroides, debido a que en el transcurso del último período de la gestación la presencia del feto en el útero tiende a dificultar el retorno del flujo sanguíneo por las venas de la zona ventral. Además, el estreñimiento es un fenómeno considerado común durante el embarazo, por la laxitud que adquieren los músculos del aparato digestivo, hecho que se agrava hasta el final a causa de la presión que ejerce el útero al aumentar de tamaño. No obstante, esta mayor predisposición a las hemorroides desaparece después del parto, ya que todas las varices se deshinchan y se vuelven menos molestas.

Otra causa de hemorroides reside en las infecciones anales o por permanecer sentados por periodos de tiempo demasiado prolongados. En algunos casos puede ser una consecuencia de otras enfermedades como la cirrosis hepática.

Movimientos intestinales

El principal síntoma de las hemorroides es la pérdida de sangre al defecar, que se puede percibir en forma de manchas en la materia fecal o en el papel higiénico, o bien puede producirse una hemorragia leve durante un minuto o más tras la deposición. Por otra parte, los movimientos intestinales pueden ser incómodos o incluso dolorosos. Sin embargo, si hay un sangrado anal es conveniente consultar con un médico, ya que puede estar asociado a otras patologías.

Baños de asiento

Es un baño que alterna agua tibia y fría que se toma en posición sentada, cubriendo solamente caderas y glúteos. Se puede utilizar ya sea para la curación o para propósitos de higiene. El agua puede contener plantas medicinales, de acción astringente, antiinflamatoria y/o suavizante. También puede incluir algún antiséptico si hay sangrado o fisuras o fístulas anales.

Este baño se utiliza para aliviar el dolor, la picazón o los espasmos musculares.

El papel de la fibra

La fibra puede contribuir a aliviar no sólo problemas de estreñimiento, sino también hemorroides, diverticulosis, síndrome de colon irritable, e incluso puede ayudar a reducir el colesterol. También puede prevenir enfermedades del corazón, diabetes y ciertos tipos de cáncer. De esto se deduce la importancia de la presencia de fibra en nuestra dieta diaria, especialmente en aquellas personas con los problemas citados anteriormente.

Una buena medida para obtener fibra es consumir alimentos que la contienen con generosidad. Así, es recomendable comer, por lo menos, 5 porciones de frutas y vegetales cada día. En este sentido, entre las frutas y vegetales con un alto contenido de fibra están las manzanas, bayas, higos, naranjas, peras, ciruelas pasas, brócoli, coles de Bruselas, zanahorias, coliflor, guisantes y judías.

De igual modo, cabe reemplazar el pan blanco por pan integral y cereales, además de comer arroz integral en vez de arroz blanco, y otros productos como salvado de trigo, avena de palomitas de maíz, cereales de granos múltiples, etc.

Muchas personas notan hinchazón de estómago, cólicos o gases cuando añaden fibra a su dieta. Es importante beber más líquido cuando aumenta la cantidad de fibra ingerida (alrededor de 2 litros diarios).

FÍSTULAS Y FISURAS, ENFERMEDADES QUE SE CONFUNDEN CON LAS HEMORROIDES

Existen otras enfermedades que afectan el canal anal, cuyos síntomas suelen asociarse, o incluso confundirse, con los de las hemorroides; entre ellas, las más corrientes son las fisuras y las fístulas anales. La fisura anal es una úlcera alargada que se extiende de forma longitudinal por el canal anal desde el esfínter. Al defecar, la irritación de la úlcera produce espasmos o contracciones del esfínter, con dolor intenso y pérdida leve de sangre.

Esta dolencia es poco común entre los hombres y resulta más frecuente entre las mujeres, sobre todo tras los partos, y está relacionada con el estreñimiento. Como el desgarro se produce en la parte más sensible del canal anal, causa un dolor muy intenso, y el paciente teme volver a defecar, estableciéndose así un círculo vicioso entre el dolor y el estreñimiento. Las fisuras curan, por lo general, de modo espontáneo, pero si persisten pueden requerir una leve intervención quirúrgica.

La fístula anal se forma como consecuencia de un pequeño absceso en la pared del canal anal. La propia fístula es un pequeño canal que se extiende desde el conducto anal hasta una pequeña abertura, del grosor de un alfiler, que se abre en la piel, y que produce una continua secreción de pus acuoso que irrita la piel y puede producir malestar. En algunos casos, el absceso subyacente es doloroso.

El tratamiento usual consiste en una operación menor, para abrir la fístula, limpiar por completo el absceso y proteger la herida para que el orificio cicatrice y se cierre.

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