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Trastornos intestinales, un clásico del verano

El periodico de la farmacia | 24 de junio de 2014

Con el calor, el riesgo de intoxicaciones alimentarias aumenta, por lo que no deje que nada le estropee las vacaciones. Ya sea en casa o fuera, vigile lo que come.

Con el 'astro rey' en todo su esplendor no nos queda más remedio que proteger nuestro salud y bienestar tomando ciertas medidas. Y una de las más habituales es cambiar nuestra alimentación.

Ha llegado la hora de decir adiós a fabadas, cocidos y guisos suculentos y dar la bienvenida a otras comidas más ligeras. Gazpacho, frutas, verduras frescas, pescado y líquidos en abundancia son algunos de los ingredientes imprescindibles en la dieta veraniega ideal.

Con el calor, el riesgo de intoxicaciones alimentarias aumenta, por lo que no deje que nada le estropee las vacaciones. Ya sea en casa o fuera, vigile lo que come. Mahonesas, pastas, dulces de crema y ensalada con patatas, sobre todo si no se conservan en el frigorífico, pueden estar en mal estado y hacerle pasar por una molesta diarrea.

Trastorno frecuente

La diarrea es uno de los trastornos intestinales más frecuentes. No en vano, prácticamente todo el mundo ha sufrido una diarrea, más o menos intensa, en algún momento de su vida. Heces más líquidas de lo habitual y aumento de deposiciones son sus señas de identidad. Además, malestar general, náuseas, vómitos, retortijones y sensación de hinchazón abdominal que mejoran con la deposición, a veces dolor de cabeza y con frecuencia fiebre, en mayor o menor medida, son sus síntomas habituales.

Cuando un alimento en mal estado es el responsable, la cadena de síntomas no arranca de inmediato. De hecho, la diarrea puede tardar entre 30 minutos y 6 horas en dar la cara. Por suerte, lo normal es que en 2-4 días todos desaparezcan poco a poco.

Aunque la diarrea por intoxicación alimentaria y la diarrea del viajero son las más populares en verano, los alimentos no son los principales culpables de la diarrea aguda. De hecho, tras ella casi siempre hay un proceso infeccioso. Los fármacos, sobre todo los antibióticos, también pueden conducir a este malestar.

¿Cómo se trata?

Cinco son las situaciones por las que debe de consultar a su médico sin dudar:

  • Fiebre elevada.
  • Sangre en las heces.
  • Dolor abdominal muy intenso.
  • Deshidratación.
  • Una diarrea que no cesa.

Él decidirá los pasos a seguir. Mareos o desmayos al levantarse son signos de deshidratación, no lo olvide.

En situaciones normales, el tratamiento es sencillo: beber suficiente líquido y reponer las sales que se pierden con soluciones de rehidratación oral de venta en farmacias. Beba en pequeñas cantidades y cada poco tiempo.

Cuando los vómitos cedan, debe volver a comer poco a poco y seguir una dieta astringente, con alimentos fáciles de digerir, como plátanos, pan tostado, arroz, manzana y té. Cuidado con  los lácteos. Con la diarrea muchas veces sobreviene una intolerancia transitoria a la lactosa, por lo que deje de tomarlos unos días.

Si la diarrea no le deja seguir con su día a día pero no presenta ningún signo de alarma, recuerde que tiene a su disposición en su farmacia habitual antidiarreicos que le ayudarán a seguir con sus actividades cotidianas. Pregunte a su farmacéutico.

Gases

Por otro lado, con el desajuste de horarios y de comidas típicas del verano, no es de extrañar que acabe padeciendo un trastorno tan frecuente como molesto, los gases intestinales o flatulencias.

El exceso de gas en el tubo digestivo puede traducirse en eructos frecuentes, ruidos en la tripa, hinchazón abdominal, que le puede obligar a desabrocharse la ropa, y excesivas ventosidades. Todos síntomas 'molestos' que pueden ponerle en alguna que otra situación comprometida pero que normalmente no comprometen la salud. Y por culpa de este exceso de gas, las paredes del intestino son más sensibles a la distensión, por lo que muchas personas suman dolor a la lista de síntomas.

El pilar fundamental del tratamiento es controlar determinados comportamientos de nuestra vida diaria y tener cuidado con los alimentos que producen gas. Hablamos sobre todo de habas, alubias, repollo, coles de Bruselas, pan, pastas, manzanas, peras, melocotones, ciruelas, granos de trigo, maíz y avena, patatas, vino tinto y cerveza. El salvado, sobre todo el procesado (en polvo) puede producir también gases. Además, hay medicamentos, como los antiflatulentos, que le pueden ayudar a disminuir las molestias. Siga las instrucciones de su médico o el consejo de su farmacéutico.

Fuente: Fundación Española del Aparato DigestivoEl Periódico de la Farmacia

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