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Lavarse las manos, una medida barata contra las enfermedades

El periodico de la farmacia | 04 de marzo de 2013

Lavarse las manos es el método más económico y eficaz para prevenir enfermedades concretas como las diarreicas y las neumonías

No deja de resultar sorprendente que un acto tan rutinario de la higiene personal como es el lavado de manos sea en realidad todo un acto de medicina preventiva, ya que supone una barrera contra un sinfín de enfermedades, habida cuenta de que las manos están consideradas como los vehículos más comunes de transmisión de infecciones. Es un mensaje para todos, pero que vale la pena repetir ante los niños.

Lavarse las manos es, sin duda, la mejor manera de evitar la propagación de gérmenes y de protegernos de enfermedades. Además, es el método más económico y eficaz para prevenir enfermedades concretas como las diarreicas y las neumonías. Los expertos afirman que, a pesar de que la gente de todas partes del mundo se limpia las manos con agua, muy pocos usan jabón para lavárselas bien.

Está claro que prácticamente todo lo que tocamos o agarramos pasa por nuestras manos, y de ahí su condición de foco y vehículo transmisor de infecciones.

Un poco de historia

La importancia del lavado de manos, sin embargo, no es una recomendación actual, como es fácil deducir, y si bien es imposible saber a cuándo se remonta en el tiempo, su práctica como medida preventiva de enfermedades es relativamente reciente. Algunos autores atribuyen al médico húngaro Ignacio Semmelweis, allá por el siglo XIX, el haber descubierto cómo el lavado de manos ayudaba a prevenir las infecciones causadas por gérmenes patógenos.

Semmelweis no se explicaba por qué morían tantas pacientes en las salas de maternidad del hospital en que trabajaba, la mayoría de las cuales eran atendidas por estudiantes que practicaban en cadáveres durante las clases de anatomía. El lavado de manos no era considerado entonces una práctica necesaria, con lo cual estaba cantado que la transmisión de gérmenes de los cadáveres a las madres parturientas se producía a través de las manos de los futuros médicos.

Tras instar a los alumnos a lavarse bien las manos antes de acudir a las salas de maternidad, la mortalidad se redujo un 80 por ciento. En cualquier caso, hubo que esperar hasta el 15 de octubre de 2008, fecha en que la Alianza Global entre los Sectores Público y Privado para Promover el Lavado de Manos instituyó el Día Mundial del Lavado de Manos; posteriormente, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió declarar ese año como el "Año Internacional del Saneamiento".

Agentes antisépticos

La historia también recoge la aportación de un farmacéutico francés, quien demostró en aquel mismo siglo, que más allá del lavado de manos con agua y jabón, también era eficaz emplear un agente antiséptico, concretamente soluciones con cloruros de calcio o sodio, que era capaces de erradicar los malos olores corporales y ser útiles como desinfectantes y antisépticos, y por tanto disminuir las enfermedades infecciosas intestinales, especialmente en niños.

En los centros asistenciales es habitual la desinfección de las manos mediante soluciones hidroalcohólicas, para eliminar los microorganismos patógenos que pudieran transportarse por el contacto con elementos contaminantes. No obstante, resulta desconcertante lo que revelan distintos estudios: los profesionales sanitarios, supuestamente mejor informados y concienciados que la gran mayoría de la población en estos menesteres, se lavan las manos, por lo general, con mucha menos frecuencia de lo que deberían.

Hoy día, todas las instituciones sanitarias del mundo hacen especial hincapié en que el lavado de manos, realizado de manera correcta con agua, preferentemente tibia, y jabón, es la medida más eficaz para eliminar los gérmenes que producen infecciones como diarrea, infecciones oculares o de la piel, parasitosis intestinales y enfermedades respiratorias como la gripe.

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