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Congestión nasal infantil: ¿qué podemos hacer?

El periodico de la farmacia | 09 de enero de 2013

Los niños presentan frecuentemente mocos y flemas que originan obstrucción de la nariz, tos, lagrimeo y legañas

Los bebés y en general los niños de corta edad, sin llegar a sufrir un resfriado, tienen muy a menudo gran cantidad de mocos y flemas que les producen congestión nasal, tos, lagrimeo y legañas.

Estas mucosidades no son por tanto síntoma de enfermedad, son generalmente un mecanismo de defensa frente a virus y bacterias que penetran en sus vías respiratorias por la nariz. Para evitar su entrada y proliferación en el organismo, las propias defensas del niño producen ese moco que las arrastra hacia el exterior.

A pesar de la importancia de este mecanismo defensivo, estos síntomas ocasionan molestias al bebé que debemos aliviar o complicaciones que debemos evitar. La excesiva producción de secreciones, prolongada en el tiempo, puede acumularse en los senos paranasales y en los conductos auditivos. Este moco se espesa, y puede llegar a infectarse con diversas bacterias que causan patologías infecciosas como otitis, sinusitis, etc. que conllevan el inicio de fiebre o complicaciones más importantes como bronquiolitis.

Estas patologías, aunque pueden darse en cualquier época del año, son más frecuentes durante el otoño, cuando comienzan a bajar las temperaturas, en el invierno y durante el comienzo de la primavera, cuando todavía las temperaturas son bajas.

Para aliviar la congestión, lo más sencillo es sonarse, pero los niños no suelen saber o lo hacen mal. Como consecuencia de esta congestión:

  • Respiran y comen mal.
  • No pueden succionar el biberón o tragan con dificultad aunque ya tomen la comida con cuchara.
  • No pueden chupar el chupete, que generalmente les calma.
  • Rechazan la comida porque se altera el sabor de los alimentos que ingieren.
  • Duermen inquietos porque al tumbarse se agrava la sensación de taponamiento.
  • Roncan al dormir.

La consecuencia final es un niño irritable, incómodo, con sueño y hambre.

Aunque las causas pueden ser variadas, la más frecuente sobre todo si el niño va a la guardería o está escolarizado, es el resfriado. Existen más de 200 virus distintos que provocan resfriado. La exposición de los niños a estos virus refuerza su sistema inmunitario y en condiciones normales será capaz de combatirlos. Si la causa es un resfriado, en pocos días se habrá pasado, pero lo normal es que la producción de moco se prolongue y puede durar bastante tiempo.

Con unas medidas sencillas es muy fácil aliviar el problema, pero si los síntomas persisten o el niño comienza a padecer otras complicaciones es recomendable consultar al farmacéutico que nos puede dar pautas o derivar al pediatra siempre que sea necesario. En cualquier caso, ante la duda, sobre todo cuando los niños son muy pequeños, debemos acudir al médico.

Un niño que padece resfriados muy a menudo y tiene abundantes mocos no es un niño enfermizo, es un niño normal dentro de una situación de lo más normal.

Cómo aliviarlo

Además de las instrucciones y consejos que nos dé el farmacéutico o el médico, podemos mejorar el estado del niño con unas medidas sencillas:

  • Ofrecerle agua a menudo: es necesario que el niño beba líquido abundante, pues por un lado ayuda a que mocos y flemas sean más fluidas con lo que se movilizan con mayor facilidad y se expulsarán mejor y, por otro lado, alivia la sequedad de la mucosa bucal y de la garganta y mantiene la hidratación.
  • Favorecer un ambiente húmedo: allí donde esté el niño debe haber un ambiente limpio, bien ventilado, sin humos y con humedad suficiente. Para conseguir la humedad óptima, existen los humidificadores eléctricos que generan vapor de agua. No es aconsejable usar recipientes con agua pues aunque en todos los casos es necesario tener un cuidado extremo con su limpieza, en los recipientes el agua queda estancada y se pueden generar hongos con mayor facilidad. Los más aconsejables son los humidificadores de ultrasonidos, pues generan vapor frío, más saludable.
  • No es aconsejable utilizar esencias para el ambiente: los niños tan pequeños tienen muy sensibles las mucosas y les puede provocar irritaciones.

  • Lavar la nariz con suero fisiológico: mejor usarlo en monodosis que es más higiénico, no se contamina y al ser de un solo uso si hay virus no pasan de nuevo a la nariz cuando se usa. El suero humedece los mocos y facilita su salida.
  • Aspirar los mocos: existen en el mercado diferentes dispositivos que facilitan sacar los mocos al bebé. Desde unos con forma de pera hasta aspiradores con una cánula a través de la cual se aspira el contenido de la nariz, bien con la fuerza de los pulmones o bien de forma eléctrica.
  • Despejar los bronquios: con toques suaves en la espalda del niño con la mano cóncava se facilita la salida de las flemas desde los bronquios. Es mejor hacerlo antes de las tomas para evitar que un golpe de tos le provoque el vómito. Es muy habitual que las traguen y pasen al estómago, en cuyo caso se expulsan con las heces.
  • Limpiar las legañas: se ablandan primero con una chorrito de suero fisiológico y se retiran con una gasa. Es importante usar una gasa distinta con cada ojo para evitar contagios si hubiera una conjuntivitis.
  • Ofrecerle la comida de forma frecuente y en cantidad poco abundante: además de la dificultad que supone la congestión para tragar y succionar, las flemas llenan el estómago y producen sensación de náusea. Al ofrecer al niño pequeñas raciones de forma frecuente le costará menos terminar el plato o el biberón y estará mejor alimentado. Nunca se le debe forzar a comer, pues es muy probable que al hacerlo termine vomitando.

Hoy en día los pediatras son poco partidarios de recetar mucolíticos y expectorantes a los bebés y niños muy pequeños.

En cualquier caso, será un profesional sanitario, como el farmacéutico, el que nos oriente y aconseje o no el uso de estos medicamentos o nos derive al pediatra.

Limpieza de los ojos

Que un bebé tenga legañas es normal y no indica en principio nada que nos deba preocupar. La situación es distinta cuando la secreción es constante, se acompaña de ojos rojos y párpados hinchados. En este caso es necesario consultar con un profesional sanitario, pues puede sufrir una conjuntivitis que requerirá tratamiento específico o incluso obstrucción del lagrimal, algo muy frecuente en los niños.

Para la limpieza de los ojos es recomendable lavarlos con una solución de suero fisiológico apto para uso ocular, preferiblemente en monodosis, pues prácticamente se elimina la posibilidad de contaminación. Se aplican unas gotas en el lagrimal para que se ablanden las legañas y con una gasa limpia se retiran. Si la limpieza la acompañamos de un suave masaje nasolagrimal, facilitamos el drenaje de la lágrima.

Siempre debemos usar una gasa distinta para cada ojo, de manera que si tiene infección en un ojo, evitamos la transmisión al otro. Nunca usaremos algodón en la limpieza. El algodón puede dejar restos e hilillos que se pueden introducir en el ojo e irritarlo.

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