Las vegetaciones y las amígdalas pueden desembocar en una malformación del cráneo y la dentadura

Según un estudio pediátrico sobre las diferentes deformidades que puede ocasionar el síndrome de obstrucción respiratoria.

El servicio de Otorrinolaringología de la Clínica HLA Los Naranjos está participando en un proyecto de investigación sobre el síndrome de resistencia de la vía respiratoria superior y cómo esto puede desembocar en un conjunto de alteraciones músculo-esqueléticas, maxilo-faciales, bucodentales y neurocognitivas, entre otras, en pacientes pediátricos. Las resistencias que caracteriza esta enfermedad son provocadas por obstrucciones mecánicas en la vía aérea superior y pueden ser debidas a obstrucciones nasales (rinitis por hipertrofia de cornetes, desviaciones septales, traumatismos, etc.), rinofaríngeas (adenoides, vegetaciones) y orofaríngeas (amígdalas, etc.).

En este estudio pediátrico participan, además del servicio de Otorrinolaringología de HLA Los Naranjos, otros especialistas como el doctor Rafael Hernández López, otorrinolaringólogo de la Unidad de Infantil del Hospital Juan Ramón Jiménez, y el doctor Eugenio Cordero, médico odontopediátrico, todos ellos de la ciudad de Huelva.

El objetivo del trabajo es dar visibilidad y concienciar sobre este problema con el fin de diagnosticar, tratar, resolver o evitar la progresión de las diferentes alteraciones del patrón de crecimiento esplacnofacial infantil.

La doctora Verónica García, otorrinolaringóloga de HLA Los Naranjos, aclara que “actualmente hay estudios que demuestran que en función del tipo de obstrucción de la vía aérea superior en los pacientes pediátricos existen distintas alteraciones del desarrollo esplacnofacial. Entre los casos más comunes que nos encontramos en la consulta se encuentran las obstrucciones rinofaríngeas en las que, al no existir una correcta ventilación nasal, se produce una alteración del desarrollo de la anatomía maxilofacial, que pueden terminar provocando el hundimiento de la cara, entre otras anomalías”.

Esto es característico de un patrón de crecimiento que se distingue porque los afectados presentan una cara más estrecha, ancha en su tercio inferior y con poca pronunciación de pómulos. No obstante, estas malformaciones no son las únicas, ya que también condicionan alteraciones dentarias, que se originan porque estos niños no respiran correctamente por la nariz convirtiéndose en respiradores orales persistentes, lo que termina provocando que el paladar se eleve, la arcada dentaria se vaya estrechando y mal posicionando. “La consecuencia es que, cuando el niño tenga sus dientes definitivos, va a precisar valoración y tratamiento odontológico con bastante seguridad”, advierte la profesional. En estos casos, tal como explica la doctora García, “lo primero que preocupa a los padres es que sus hijos roncan mucho, pero el verdadero problema es la imposibilidad de respirar bien, así como la anomalía posterior”.

La dentadura de los niños es una de las pruebas más fiables de que ha habido una alteración del desarrollo normal provocada por la obstrucción de la vía aérea superior. Además de los distintos tratamientos odontológicos que conlleva esta patología, también supone problemas de deglución (dificultad para tragar bien) por la mal posición de la lengua. En este caso, el niño deberá acudir a un logopeda para aprender a comer correctamente. Asimismo, se presentan otros efectos indeseables a medio y largo plazo, como daño psicológico, neurocognitivos con bajo rendimiento escolar, trastornos del lenguaje, persistencia de hábitos o apnea del sueño.

 

La importancia de un correcto estudio

 

Según la profesional del HLA Los Naranjos, un motivo muy frecuente de consulta entre los adultos, son las obstrucciones nasales, habitualmente debidas a desviaciones del tabique nasal e hipertrofia de cornetes, que puede ir acompañadas, en algunos casos, de deformidades del dorso nasal (narices en giba…) produciendo alteraciones cardiovasculares propias del síndrome de apneas hipoapnea del sueño. Estos pacientes suelen demandar cirugías nasales tanto funcionales como estéticas (septoplastias, rinoseptoplastias, rinoplastias estéticas). Por lo tanto, la prevención para que el problema de la infancia no desemboque en esto, se convierte en el mejor aliado.

El tratamiento debe ir dirigido a eliminar la causa para corregir las alteraciones estructurales y funcionales, es decir, realizar un estudio pormenorizado e individualizado de las proporciones craneofaciales del paciente, identificando qué obstrucciones en la vía aérea superior existen y tratando las mismas (adenoides, amígdalas, cornetes) cuando se prevea que puedan suponer una alteración futura del desarrollo normal del niño, o al menos evitar su progresión cuando ya se ha instaurado. “Tratando tempranamente este patrón obstructivo es muy probable corregir o por lo menos evitar el mal desarrollo”, aclara la profesional.