Más del 60% de ancianos presenta disfagia

La rehabilitación logopédica de estos pacientes mejora notablemente su calidad de vida.

Enfermera dando de comer a una anciana
Enfermera dando de comer a una anciana

Las personas mayores pueden presentar problemas a la hora de tragar los alimentos y líquidos por diversos motivos: alteraciones estructurales, como ausencia de piezas dentales, baja producción de saliva, lesiones en la lengua o las encías, etc. Todo ello puede afectar a la anatomía de la orofaringe durante la deglución. Otro factor influyente es la prevalencia de enfermedades neurológicas y neurodegenerativas.

La disfagia, que es como se conoce este trastorno, afecta a más del 60% de ancianos, porcentaje que se incrementa a un 84% si hablamos de pacientes con enfermedad de Alzheimer y que oscila entre el 35 y el 45% en el caso de los afectados por Parkinson.

Como nos explica Julio Ampuero, director del Instituto de Comunicación, Habla y Lenguaje de Vithas Internacional, la deglución es el proceso de transporte de los alimentos y líquidos desde la boca hasta el estómago y requiere la integridad física y funcional de diversas estructuras anatómicas y la correcta coordinación de las mismas. Cuando este proceso de deglución se altera, se produce la disfagia, “caracterizada por la dificultad de mover el bolo alimenticio, de manera segura, desde la boca al estómago sin que aparezca la aspiración, es decir, sin que el material deglutido pase a la vía aérea”.

Puede producirse por diversas causas, como enfermedades del sistema nervioso central, desórdenes musculares y lesiones estructurales. Las consecuencias suelen ser graves, afirma Sara Magallanes, neurologopeda y especialista en Estudios Fónicos y Ciencia Vocal, “ya que afectan a la eficacia de la deglución y a la seguridad del paciente, produciendo deshidratación, malnutrición, pérdida de peso, aspiración, asfixia, neumonía e incluso la muerte”.

Abordaje multidisciplinar de la disfagia

Como señalan Eva Pedraza, especialista del Instituto de Comunicación, Habla y Lenguaje, existen una serie de signos y síntomas que deben hacernos sospechar: “tos o atragantamiento al comer, cambios en la voz, babeo, deglución fraccionada, retención de alimentos en la faringe, carraspeo, pérdida de peso progresiva, infecciones respiratorias de repetición”.

La detección precoz resulta fundamental. Mediante un abordaje multidisciplinar por parte de neurólogos, logopedas, nutricionistas y profesionales de enfermería se determinarán las estrategias terapéuticas más eficaces en cada caso. 

La rehabilitación logopédica permite reducir el riesgo de aspiración y optimizar la hidratación y nutrición”, apunta Julio Ampuero. Según la severidad se recomendarán unas estrategias u otras: “una de las actuaciones más importantes es la adaptación de alimentos, modificando el volumen, la consistencia o textura de sólidos y líquidos. También enseñamos técnicas posturales que facilitan la deglución para que sea segura y eficaz y realizamos un trabajo de entrenamiento de la movilidad, tono, recorrido muscular y sensibilidad de todos los órganos implicados.